Para el 23 de abril, un alumno de segundo de bachillerato (Marc) había tenido la idea de hacer un mural para el dia de Sant Jordi, que contenía la imagen de personajes, autores y símbolos representativos de Cataluña. En el centro del mural se encontraba un caballero que representaba al protagonista de la leyenda de Sant Jordi.
Durante las semanas previas a semana santa, algunos alumnos en las clases de CAS íbamos a ayudar a hacer el mural.
Lo primero que tuvimos que hacer fue dividir las cartulinas en cuadrados para que fuese más fácil a la hora de dibujar, ya que al ser un mural a gran escala tenía que estar proporcional.
Las siguientes clases consistieron en dibujar. Yo no fui, ya que el dibujo no es lo que se me da mejor, por lo tanto, una vez acabaron de dibujarlo todo me ofrecí voluntaria para pintarlo.
El primer dia que fuimos a pintar me sentía super insegura, no sabía por dónde empezar, pero quería dar lo mejor de mí, aunque la pintura no sea el área que se me da mejor. Marc nos dio algunos consejos y nos explicó un poco cuál era su idea, nos dijo por dónde teníamos que empezar (en ese caso fue pintar la cara de los personajes) y nos pusimos manos a la obra. Mezclamos los colores necesarios para obtener un color carne que fuese natural y realista y me puse con una amiga a pintar. La primera media hora fue un poco incomoda ya que no sabíamos si lo estábamos haciendo bien, y estábamos tan inseguras que no parábamos de pedirle ayuda a Marc o a su compañero Charlie. Tuvimos varios momentos de crisis, por ejemplo, dejamos el pincel sin supervisión durante unos segundos y sin querer pintamos una parte del cartel que no tenía que ser pintada. A medida que pasaba el tiempo fuimos obteniendo seguridad y se nos pasó el tiempo volando. Acabamos de pintar el personaje entero y sin darnos cuenta ya habían pasado 2 horas.

Estuvimos varios días saltándonos horas de clase para poder acabar de pintar el mural. Durante la experiencia pude ver reflejado un gran trabajo en equipo, nos ayudábamos constantemente, intentábamos resolver los problemas de los demás compañeros antes que los nuestros y no parábamos de hacer cosas. También me sentí muy orgullosa de mis habilidades pintando ya que jamás había hecho algo igual y mucho menos a tan gran escala.
Una vez acabamos de pintar todos los personajes y objetos del mural quisimos darle color a el fondo así que cogimos tizas marrones y pintábamos por encima deslizando la tiza de manera que quedase discreto, pero cada vez que levantábamos el trozo de cartulina ya pintado, el polvo de la tiza se caía y por lo tanto parecía que no hubiésemos pintado nada, al final conseguimos que se quedase.
Finalmente acabamos todo el mural, ahora solo quedaba guardarlo hasta que nos diesen permiso para llevarlo al teatro y colgarlo. Para ello, tuvimos muchos problemas para pensar una manera de guardarlo sin que se arrugase y se desgastase. Estuvimos una hora pensando un lugar donde guardarlo, una sala vacía, en el suelo del despacho del coordinador, encima de un armario…trasportamos los carteles arriba y abajo del colegio sin saber qué hacer. Al final llegamos a una solución, enrollamos los carteles, los metimos en un tubo, y los dejamos en un despacho.

Para finalizar la experiencia limpiamos la sala done habíamos estado trabajando y todo el material que habíamos utilizado.
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